Dolor crónico y alimentación

28.06.2018

Uno de los temas más difíciles de tratar y que lleva más controversia entre especialistas médicos y otros profesionales de la salud, es el dolor crónico.

Podemos hablar de múltiples tipos de dolor, ya sea una fibromialgia, una fatiga crónica, una artrosis degenerativa, osteoporosis, hernia discal, dolor pélvico crónico, endometriosis, un dolor neuropático o un síndrome miofascial, o cualquier dolor que supere los 6 meses, hablaremos de dolor crónico, el cual permanece en nuestro cuerpo para acompañarnos el resto de nuestra vida.

En cuanto a la nutrición tenemos en nuestras manos una gran variedad de nutrientes para disminuir el dolor crónico, el cual nos ayudará a llevar una vida con más calidad y mejor salud.

Entre los diferentes alimentos que tenemos abasto en el mercado, hay que potenciar los alimentos no procesados, es decir, los alimentos naturales y a ser posible de proximidad, ya que tendrán concentraciones más elevadas de nutrientes y serán más frescos.

En conclusión, una dieta para reducir cualquier tipo de dolor se basa en:

  1. Antiinflamatoria, potenciando el Omega 3 y el AOVE (reducir los alimentos inflamatorios de la dieta)
  2. Basificante (diminuir los alimentos acidificantes de la dieta).
  3. Rica en antioxidantes.
  4. Hierbas y especias aromáticas ricas en principios activos.
  5. Reducir o eliminar el gluten de la dieta, ya que es inflamatorio.
  6. Potenciar, depende de cada caso, suplementos naturales (fitoterapia).  

Empezaremos por el punto número 1, una dieta antiinflamatoria rica en Omega 3, quiere decir que tenemos que aumentar el consumo de pescado azul (sardinas, anchoas, salmón, atún, caballa, etc.) y en cuanto a los productos vegetales, tenemos los frutos secos, como las nueces, y las semillas de chía, cáñamo y lino, a parte de los aceites vegetales, como son el de lino, soja, maíz (aunque estos aceites nunca se deben utilizar para cocinar).

A parte, el AOVE (aceite de oliva virgen extra) nos aporta nutrientes antiinflamatorios y antioxidantes, que previenen el envejecimiento y las enfermedades cardiovasculares, por lo cual, también, nos ayudarán con el dolor crónico. Siempre se aconseja consumirlo en crudo, que es cuando tienen sus propiedades intactas.

Por otro lado disminuiremos los productos inflamatorios como son las carnes (sobretodo la roja y grasa), embutidos, productos procesados, leche y lácteos de origen animal (sobretodo de vaca) bollería y pastelería, cereales refinados (sobretodo los que contienen gluten): pan, pasta, arroz blanco, etc. , los azúcares en general, productos TRANS, el alcohol, aditivos alimentarios.

En el punto número 2, tenemos los alimentos basificantes, donde encontraremos alimentos como son las verduras y hortalizas (menos el tomate), la patata o boniato, las legumbres, frutas, algas, frutas desecadas, almendras, la miel, las aceitunas, entre otros, y disminuiremos los alimentos acidificantes como son: carne, huevos, pescado (aquí haremos una excepción al ser antiinflamatorio), cereales, tomate, queso fresco, azúcar, café, té, cacao, chocolate, cacahuetes, avellanas y nueces (aquí haremos otra excepción al ser antiinflamatorias).

En el punto número 3, potenciaremos los alimentos ricos en antioxidantes, como son las frutas tipo frambuesas, arándanos, moras, en este caso tendremos los frescas, pero también tenemos la opción de loa congeladas que también son una buena opción, ya que no disponemos de ellas todo el año. Y en general, todas las verduras, hortalizas y frutas con colores rojos, anaranjados, amarillos, morados, etc. nos aportan antioxidantes diferentes y saludables para nuestro organismo, por eso es importante incluirlos en nuestra alimentación diaria, tanto en crudo como cocinados. En crudo siempre nos aportará el máximo de todos los antioxidantes. Cuando los cocinamos, depende del tipo de cocción, podemos destruir algunos (sobretodo si son cocciones largas como el hervido).

En el punto número 4 tenemos una dieta rica en hierbas y especias aromáticas. Cada caso es un mundo, pero hoy en día tenemos muchas plantas que nos aportan una cantidad de nutrientes muy antiinflamatorios. Los más importantes son la cúrcuma, el jengibre, el ajo, entre otros. Los podemos encontrar de forma natural y luego en cápsulas, donde estarán más concentrados sus principios activos.

También podemos hacer infusiones para calmar diversos tipos de dolor, en este caso tenemos que valorar el dolor y el tipo de persona y sus enfermedades.

En el punto número 5, encontramos el gluten, una proteína que está en muchos alimentos, sobretodo en cereales y productos procesados y envasados. Aunque no seamos intolerantes, hay que destacar que el gluten contiene una serie de sustancias inflamatorias para nuestro organismo, por lo tanto, si dejamos de incluirlo en nuestra dieta, notaremos un cambio importante. Hoy en día disponemos de muchos cereales y pseudocereales sin gluten, que son menos acidificantes y menos inflamatorios, como son el trigo sarraceno, el mijo, la quinoa, el arroz rojo, amaranto, teff, maíz, entre otros. También, decir que muchos productos contienen gluten como ingrediente, por lo tanto, los productos envasados siempre pueden ser suceptibles a contenerlo, así que será conveniente leer las etiquetas.

El punto número 6, podemos decir que cada tipo de dolor es un mundo y cada persona también. Por lo tanto, lo que le va bien a uno, no quiere decir que le vaya bien a otro. Así que lo más importante es individualizar la dieta y encontrar los suplementos naturales más aptos para cada tipo de persona y enfermedad. A veces, es cuestión de probar y ver si realmente nos hace efecto, y realmente encontrar el adecuado para nosotros. También es importante tomarlo durante un tiempo y luego hacer descansos o si el paciente mejora, dejar de tomarlo.

                    Escrito y publicado por Nara Domingo - Diplomada en Nutrición Humana y Dietética