Alimentación en enfermedades

07.05.2019

Durante el proceso de una enfermedad, por ejemplo del riñón, del hígado, oncológica, etc. no pensamos, desde un primer momento, en la alimentación. Mientras que es un factor fundamental para ayudar a su recuperación o para encontrarse mejor.

Por ejemplo, cuando a una persona le detectan un cáncer, es muy importante el planteamiento médico que nos van a ofrecer, y a partir de ahí, establecer un plan alimenticio adaptado a las necesidades médicas. Es decir, si tienen que operarnos, realizaremos una dieta alta en proteína y micronutrientes, sobretodo, para subir defensas, masa muscular y así poder regenerar mejor los tejidos, después de la intervención. Mientras que si realizamos quimioterapia o radioterapia, la cosa cambia mucho, ya que debemos adaptar la comida a esta situación particular. Durante una quimioterapia, puede ser que el cuerpo tenga una serie de reacciones y tengamos efectos secundarios no deseables. Ahí es cuando el dietista-nuticionista con los alimentos tiene que ayudar a sobrellevar estos síntomas, como son las náuseas y vómitos, dolor gastrointestinal, rampas, problemas dérmicos, disfagia, anorexia, etc.

En cada caso, se adaptará la dieta y se pondrá remedio, para que el paciente lo sobrelleve de la mejor manera posible. Igualmente durante todo el tratamiento deberá seguir unas pautas, de una dieta baja en grasa, de fácil digestión y de protección gástrica. Así que tendremos en cuenta, tanto los alimentos a cocinar, como las cocciones que se realizan; evitando todos los productos precocinados, altos en grasa y azúcares refinados, y realizando cocciones como el hervido, cocido, papillote, vapor, horno y planchas no quemadas. Evitaremos, de este modo, cocciones muy quemadas, brasas, fritos, guisos, etc. De esta manera la dieta será de fácil digestión y evitaremos de esta manera que el paciente tenga problemas digestivos, muy comunes en algunas quimioterapias.

De otro modo, durante la radioterapia, también podremos sufrir otros efectos secundarios gástricos, como la diarrea o estreñimiento, y quemaduras en la piel, que habrá que hidratar correctamente. En el caso de problemas digestivos, se adaptará la dieta para una diarrea o estreñimiento. Al finalizar las sesiones, todo se normalizará.

En definitiva, hay que tener en cuenta de alimentarse muy bien, eso no quiere decir que podamos comer todo lo que queramos, ya que seguramente muchos alimentos no serán adecuados. Así que el dietista-nutricionista será la persona indicada para adaptar su dieta al tratamiento que inicie.

En el caso de una enfermedad de riñón o hígado, tendremos que adaptar también la dieta al estado de éste, y si se inicia tratamiento, como por ejemplo en el caso de insuficiencia renal, la diálisis. Aquí, el nutricionista deberá elaborar un plan alimenticio teniendo en cuenta todos los factores y el paciente deberá seguirlo para tener una mejor calidad de vida.

Si hablamos de enfermedades hepáticas, debemos realizar, sobretodo, una dieta baja en grasa, ya que las digestiones sino pueden ser dificultosas (por ejemplo en personas que les quitan la vesícula biliar), y también una dieta de fácil digestión, donde habrá alimentos que no serán adecuados, ya que no se toleraran, y pueden desencadenar diarreas.

En definitiva, hay muchos tipos de dietas y muchas enfermedades, y muchas personas que tienen unas necesidades diferentes, por lo tanto, habrá que adaptar la dieta, al tipo de enfermedad, al estilo de vida, a la persona y a muchos factores más.

Escrito y publicado por Nara Domingo - Diplomada en Nutrición Humana y Dietética